Es práctico dividir los miedos en dos clases:

– Miedo positivo es el que cumple una función de «autopreservación» (miedo a herramientas peligrosas, vehículos en movimiento, vehículos a gran velocidad, carreteras, animales feroces, etc.)

Debe servir como instrumento para enseñar al niño a funcionar con seguridad ante estos peligros.

No se trata de decirle al niño: «no temas, cruza sin miedo», sino de enseñar a cruzar acompañado de una persona mayor o utilizar los semáforos correctamente.

– Miedo negativo es lo que atenta contra la conducta «estable y constructiva» del niño. Provoca reacciones de llorar, retraer, retroceder, agarrarse a adultos, temblar, protestar y gritar pidiendo ayuda.

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