1º Nada. Es la reacción más frecuente. Se espera durante años pasivamente, confiando en las propiedades terapéuticas del transcurso del tiempo.

2º castigar o premiar. Cuando el transcurso del tiempo ha mostrado su decepcionante efecto, se le humilla o premia porque «reaccione».

3º Contratar un profesor particular. Sin averiguar la causa ni medir el retraso, se contrata un profesor particular. Generalmente no se trata de un profesional, sino de un estudiante inexperto. Uno u otro casi nunca resuelven nada.

4º Repetir curso. De la misma manera, sin que nadie haya propuesto averiguar la causa por la que se ha retrasado tanto que le impide promocionar de curso, se decide que repita un año. Parece como si nadie hubiera repetido hasta ahora y no fuéramos conscientes de que las repeticiones, sin más, casi nunca sirven de nada.

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