Un trabajo preventivo en los cursos de preescolar evitan el desarrollo de la dislexia en aquellos alumnos que tienen una predisposición a padecerla (pe antecedentes familiares).

Ciertas zonas del cerebro encargadas del aprendizaje de la lectoescritura, que pudieran tener un desarrollo insuficiente, alteración o lesión pueden provocar un aprendizaje incorrecto de la lectura y escritura, que cuando se automatice, genere el trastorno de dislexia.

Con el estudio longitudinal en diferentes escuelas de Barcelona y Badalona pretendemos demostrar que el mal rendimiento en aquellas asignaturas donde interfieren el trastorno de la dislexia se debe a otras causas, porque en estos alumnos no se ha desarrollado tal trastorno, ya que se llevar a cabo el trabajo preventivo desde P3.

PRIMERO. Proporcionar el material necesario para desarrollar cada una de las funciones indispensables para cuando se inicie el aprendizaje de la lectura y escritura.

SEGUNDO. Explorar en P5 todas las funciones a todos los alumnos y así poder dar el trabajo necesario a cada uno y orientar para acabar de desarrollar las funciones poco elaboradas.

TERCERO. Explorar en 1º EP la lectura y escritura a nivel mecánico e intervenir para corregir los pasos necesarios en el proceso de aprendizaje antes de que se automatice.

CUARTO. Explorar en 2º EP la lectura y escritura antes de que termine de automatizar.

QUINTO. Exploración en aquellos alumnos con alguna dificultad en el aprendizaje de la automatización de la lectura y escritura, y así cerrar el diagnóstico de dislexia.

Los más de 500 alumnos observados y evaluados a lo largo de entre dos y once años, los únicos casos diagnosticados de dislexia son aquellos que llegan nuevos a la escuela. Los casos que presentan dislexia, en la escuela, tienen asociada como diagnóstico primario, un TDAH o Deficiencia intelectual.

La estimulación de las áreas cerebrales encargadas de las funciones responsables en el aprendizaje de la lectura y escritura de manera precoz evitan el desarrollo de la dislexia o reeducando otras zonas del cerebro para que realicen la función necesaria en el aprendizaje de la lectoescritura en aquellos alumnos con predisposición a sufrir, se consigue evitar este trastorno.

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